viernes, 15 de enero de 2010

Florencia y el INEM.

Tengo la fé un poco desbaratada, un grifo que gotea; los huecos de mi cabeza están llenos de miedo a lo que hay por "ahí". Cuando voy al supermercado miro a las cajeras y entono a gritos "aquella tarde" de Isma. Los seguratas me depositan en el maletero de mi coche destartalado, hecho un azucarillo. Hoy no sé porqué me afeité. Creo que el diablo viene a cogerme. Mi imaginación ya no sabe cómo estirar la limosna de parado. Todo el mundo sabe que me han echado del curro y los supermercados. No me apetece ver a nadie, sólo taparme por las noches con su sonrisa. Algo me ha picado en los tobillos. ¿Quién quiere comerme? Quizá vaya al cine, aunque puede que tampoco me dejen entrar. La sequia vuelve, si cabe, más egoísta a la gente, creo que en poco tiempo mataremos para apagar la sed además de hacerlo, como hasta ahora, por diversión. Los días fluyen densos como la marea de un petrolero, huele a guadañas e incienso, a gente ignorante raptando las calles, llenándolas de miedo e intolerancia de Calabria a la Conferencia Episcopal española, escupiendo balas unos y consignas cerriles otros. El laberinto laboral nos procura quina para desayunar y ricino para la cena de nuestro ínclito presidente de gobierno. Funcionarios, parados, jubilados y repartidores pueblan las calles por las mañanas ¿dónde están las marujas? No habitaré por más tiempo laberintos, aunque vaya a seguir entonando a gritos "aquella tarde" cada vez que la mirada a detergente de las cajeras se espolvoree por mi cara y mi tarjeta de crédito. El paro es una droga devastadora. ¿Dónde está el calor?

En 1453 cuando se desmoronaron las murallas de Justiniano, la élite intelectual de Bizancio se refugió en la península itálica. Eso y la biblioteca de Córdoba (la mayor de Europa en la época) iban a traernos el Renacimiento, donde el hombre es la medida de las cosas y el único arquitecto de su destino. A Florencia la compararán con la Atenas de Pericles, que poblada de asesinos a sueldo va a conocer a David, Miguel Ángel, Rafael, ...

Sólo quedan asesinos, balas y sed.

(Aclarar que no me han echado de ningún supermercado ni cine)

2 comentarios:

  1. !!Como está el patio!!..pero aun nos queda la revolución...

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  2. Ese Renacimiento incitó a escribir las utopías de Moro, Campanella y demás (que eran horribles pero no dejaba de ser un paso importante) A lo mejor entre los asesinos resurge hoy el afan de ser de nuevo utópicos. Tú fuiste el que me dijiste en alguna ocasión que siempre hay luz a pesar de las apariencias...

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