lunes, 9 de agosto de 2010

David, un año después.

Ha pasado un año camarada. Un año. Pero parece un suspiro. Hace doce meses sentimos la misma emoción, contenida, o expresada en lágrimas. 

Muchas cosas han pasado en este tiempo, aunque la rutina nos pesa a veces como si nada cambiase. Estas líneas mías no van a contener todo lo que te hemos echado de menos, y te seguiremos echando, ni la falta que nos haces para esta gran batalla que una nueva crisis del Capital ha traído. Y para la omnipresente contra las injusticias, más visibles para el mundo ahora, siempre presentes para nosotros.

Cuando estabas todo era igual de complicado y duro, pero sin tí este año, ha servido para mitificarte un poco y que pensemos que contigo todo sería más fácil, aunque las ostias y el desconsuelo fuesen el mismo, ya seguro hubiésemos abierto brecha en el sistema, e incluso estaríamos dándole la vuelta a la tortilla.

Pero no estás, y lo que de ti tenemos, es ese poso que en todos dejaste, aunque cada uno recuerde cosas distintas, borracheras diferentes, ocurrencias tuyas, risas, peleas, esperanzas...

Por eso, aunque hayas dejado de respirar, has prendido una llama en cada uno de los que te conocimos, que nos servirá para alumbrar el camino que debíamos haber recorrido juntos.

Y juntos lo andaremos, porque lo que tú fuiste está en nosotros. "Compañero del alma. Compañero".