martes, 23 de noviembre de 2010

Los ombligos cósmicos

Prologo a esta entrada:

He tenido que conducir por dirección contraria; esquivar a los malos por las noches o dispararles pidiendo perdón, según se terciara; empaparme en alcohol, pasar por la farmacia, hacer la compra, poner varias lavadoras y tenderlas (nada menos), denunciar a los necios y un poco a los estúpidos, hacer escarnio con los ignorantes, volver a ver "Life of Brian", librarme de una manicura, retorcerme de risa con el Albertito, ver rodar pelusillas por el suelo de mi pasillo y volverme totalmente estúpido en un escenario con mis hermanos Tonetti para encontrar el tiempo necesario que me permitiese finalizar "la mi pobre entraducha" de asteroides, estratosferas y ombligos cósmicos...

... Estaban rondando los adjetivos por aquí cerca, pero aunque después no vaya a parecéroslo voy a tratar de construir la pared de hoy con verbos. Más cercano a la acción que el adjetivo. Inservible. Sin más cosa que adornar las ideas que uno pueda tener a lo largo del día, los días que llegan, más por inercia que por propósito:

¡Su ombligo señores! ¡Atiendan! ¿Se lo miran? ¿Lo sacan brillo? ¿Lo Greguerizan con reverencia como haría el mismo de la Serna si respirase echándome el aliento sobre mi cogote con sus primeras canas treinteañeras? ¿Pretenden acaso elevarlo a la categoría de ser omnipresente por encima del de sus vecinos?¿O simplemente acarrean con él hacia sus quehaceres cotidianos?



¡Descúbranse ante la evidencia "señoros" y "señaras"! Y asústense ante esta terrible trama mundial. Hay ombligos nuestros y suyos que quieren ser. Ser un ser. Ser más que ninguno. Convertirse en astro, alrededor del cual el universo entero trote. Emigrar a la galaxia de las circunferencias perfectas. Conquistar el planeta del Principito, construir un adosado en el rosal y contratarle como mayordomo. Utilizar la "Estrella de la muerte" para sembrar la cuarta palabra del nombre y no para escribir por ejemplo, un verso ángelgonzaliano con la primera. Pretenderán robar todo el aire que tienen enrrededor, para a la par que nos roban el oxígeno, contenerlo como un tesoro y ¡ale hop! querer encarnar perfectas oquedades sin un solo pliegue, para asombro suponen, de la deshumanidad entera y generaciones venideras.

Pero ¡cáspita! no pueden, sus imperfecciones los delatan, pretenden sacarse brillo y ser colgante de un cuello sin dar la talla. Se miran al espejo del cuento y ni siquiera así, cuando se les muestra lo lejos que están de ser la circunferencia soñada se dan cuenta de nada. Y como nos relata el refranero, en ocasiones certero, hispánico, "no hay más ciego que el no quiere ver".

Pero ellos insisten. Fuera de su órbita en otra que no les corresponde, girarán como si allí hubiesen hecho siempre el ritual de dar vueltas al sol o ver arder naves más allá del cinturón de Orión (donde quiera que se halle). Rutinariamente y con la lengua fuera y sudando como gordos de gimnasio te dirán "esto lo hago mejor que nadie".
Pero desde fuera, desde mi ombligo y el vuestro, sabemos que los ombligos son anárquicas oquedades con pelo y arrugas, sin más fondo que el de albergar pelusillas de camiseta, modestas en mi caso, con más bagage en otros y sin capacidad de más orbita que nuestros michelines.

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