martes, 14 de diciembre de 2010

Enrique Morente

No sé mucho de Flamenco la verdad. Pero cuando pienso en Flamenco, pienso en poderosas imágenes de gente que da todo lo que lleva dentro mostrando cómo entiende el mundo. Cantaores, guitarristas y bailaores con muecas imposibles sin fecha de caducidad que se tensan como si fuesen a romperse...

Me atrae la luz del Flamenco, la tensión, esa forma de expresar los sentimientos. Siempre se la ha relacionado con la oscuridad porque era una música marginal. Cuando personas como Lorca (otro granadino inmortal) estaban tratando de dignificarla terminaron en una cuneta. La música siempre perdurará por encima de los hombres y los regímenes. Se ha avanzado mucho, pero aún en España guardamos cierto resquemor al Flamenco. La Unesco la ha hecho Patrimonio de la Humanidad hace unas semanas. Ya era hora.
Se ha muerto Enrique Morente. Dicen que se va uno de los grandes y que el Flamenco ya no puede volver a ser lo mismo sin él. "El Granaíno" como se le conocía al principio de su carrera encontró la magia del Flamenco entre sus amigos y familiares de Granada y con 14 años emigró a Madrid para aprenderlo por sus rincones más turbios, donde por contra el género fluía limpio como un río generoso para cualquiera que quisiera mojarse de él. A sus profesores, Morente les gustaba no por sus dotes sino por su capacidad de aprendizaje. Y no es paja.

Tal vez Morente sólo fue un niño cualquiera de Granada que intentaba aprender a explicarse el mundo con ese Flamenco que le conmocionaba, que se le había metido dentro, porque no sabía expresarse más que a través de esa música y decidió dedicar su vida a ello, porque sabía, aunque no pudiera explicarlo bien que podía moldearla, trabajar con ella como con un pedazo de barro, como nadie hasta entonces había hecho. Y a eso dedicó su vida.

Yo no sé mucho del Flamenco, pero me impresionan las figuras gigantes que saben que con sus ojos son capaces de mirar el mundo como nadie más puede, y hacer que los demás lo veamos a través de ellos.

Hoy va a ser un buen día para empezar a saber algo sobre el Flamenco.


lunes, 13 de diciembre de 2010

Despertares

(Para un amigo que ha sonreído menos veces de las que acostumbra los últimos días)


Hay despertares y despertares.

Uno puede dormirse siendo persona consciente de sus miembros y despertarse siendo cucaracha (ya lo avisaba don Franz)
Los hay que escuchan el despertador para ir al trabajo y maldicen su vida. La rutina tiene estas cosas de las maldiciones de peli de villanos.
Se puede porqué no, en ciudades gélidas como la que habito salir a la calle de amanecida y encontrarse con las primeras luces los suelos y céspedes vestidos de blanco-helada tono Siberiasalmón.

Y uno puede despertar con el sol bien arriba, sin que haya sonado el despertador y al bajar a la calle en un día menos frío de los acostumbrados este otoño, descubrir en un golpe de suerte diez céntimos de euro perdidos en el suelo, agacharse para recogerlos y al tenerlos en la mano decirse Hoy puede ser un gran día, cantándolo como haría el mismo Serrat. Descubrir que las vecinas cotillas no hablan de los demás y una vieja con la que nos cruzamos nos canta canciones verdes de su época y nos sonríe. Si, hoy puede ser uno de esos buenos días que a uno además de reconciliarle con el mundo, puede besar a la vida en la boca como se merece.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Llueve


Llueve. Ya lo adelantaba el Instituto Nacional de Meteorología. Y parece que va a seguir así por unos días. Bajo la lluvia estamos. Este estado climatológico siempre me hace percibir más despacio el paso de las cosas (¿otra fisura del continuo espacio-tiempo?) y se convierte en un estado anímico.

Así, esta noche de fútbol europeo se diluye a cámara lenta. Como la sangre derramada por la última víctima de la violencia de género. Y mientras unos miran temblar en la pantalla de televisión un estadio de fútbol, olvidando muertes conyugales, yo me adentro en esto de plasmar algún que otro pensamiento en esta pantalla de ordenador, que también tiembla, pero con menos emoción que la del Circo balompédico.

Estas noches en que se ralentiza el paso del tiempo dejan poco espacio a la adrenalina en sangre y el odio, a pesar del fúrgol y la violencia en vena, y sí para pensamientos más melancólicos. No voy a encontrar cerca, lo sé, unas elucubraciones divertidas de Marx, (Groucho) o alguna frase que os emocione, hoy no va a ser, ni vamos a viajar con un De Lorean. Hoy no toca. Toca la lentitud de la melancolía, recitar un verso de Cernuda, una cafetería donde dos novios rompen, un paraguas que se abre del revés por una ráfaga de aire, un niño que se pierde de su madre, el charco de sangre seca de una mujer asesinada en un portal por alguien a quien amaba, una carretera comarcal por la que se conduce cansado y nunca te deja llegar a casa, una tela de araña que no puedes despegar de tu mano, las cosas que nunca le dijiste, una estación, una amenaza de la mafia, el llanto de ella todas las veces que la herí, los gritos cuartelarios, un desguace de coches. Podría seguir, podría continuar enumerando como si fuese una nube descargando lluvia actos humanos melancólicos o estériles, la lista es larga y fácil cuando la lluvia dibuja los paisajes, la sangre me alcanza y se ha hecho de noche hace rato