lunes, 14 de febrero de 2011

Más ahoga el hambre

De niño uno de mis cuentos favoritos era el de un hombre que llegaba a una ciudad con una guitarra. La gente se le quedaba mirando pues desconocían lo que era un instrumento. Al poco el hombre encontró una calle concurrida y se puso a tocar. Enseguida se arremolinaros niños curiosos a su alrededor, pues nunca habían escuchado música, tan sólo los ruidos de los coches y las fábricas. No pasó mucho tiempo hasta que ciudadanos indignados empezaron a gritar que dejara de tocar, que era una vergüenza semejante escándalo, enseguida apareció la policía y expulsó al atrevido individuo de la ciudad. En cuanto el hombre salió de allí empezó a soplar un suave viento que fue yendo paulatinamente a más y se llevó la ciudad, de la que no quedaba nada a la mañana siguiente.

El ayuntamiento de la capital del “Reyno de España” va a prohibir la música callejera. No creo que un viento apocalíptico vaya a llevarse la ciudad después de eso, a pesar de que al menos se solucionaría ese problema del aire irrespirable, que a la responsable de que los madrileños se echen a los pulmones un aire mejor, sólo le da para confesar que “más ahoga el paro”, para a continuación soltar una perorata acerca de la calamidad que supone para nuestro bienestar que no gobiernen “los suyos”.

La medida del consistorio madrileño, seguro que tan sesuda y meditada que, nosotros pobres votantes, no llegaremos a entender nunca, va a dejar unas calles tan tristes y ruidomotorizadas como las del cuento que leía de niño y a ciertas personas con mayor dificultad para ganarse el sustento, puesto que dada la dificultad para encontrar un jornal con el trabajo de uno, tocar por las calles puede ayudar a aliviar ciertas estrechuras. Estoy seguro que esta medida la han hecho personas que desconocen, a lo que parece, qué es la cultura y que nunca han tenido ninguna angustia alimenticia en su vida.

Señora Botella, más ahoga el hambre.

7 comentarios:

  1. Tú lo has dicho, no han tenido problema para comer en su puñetera vida. El jueves estuve en Madrid y vi una chica tocando el violín, no veas qué maravilla, y yo juraría que preferiría tocar en un teatro que en la calle.
    Felices Lupercales por cierto que estoy viendo que ya es 14 :-))

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  2. La cultura en este país, ya sabes. Qué desastre. Al menos las calles regalaban joyas como tu violinista del jueves, dentro de poco ni eso.
    Algo que quería contar y no lo he hecho, lo dejaré para otro ocasión, es que haya que pagar por entrar en los museos de este reyno.
    ¡País!

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  3. Que razón llevas Rober, más ahoga el paro, como leí el otro día no sé dónde sobre esta personaja, que yo sepa es concejala de medio ambiente, no de trabajo, que sabrá ella del paro, y menos esta calaña burguesa.
    Están haciendo una pinza sobre la cultura increíble el PPSOE. Ni en la calle, ni en internet, el pensamiento único vuelve a actuar con mano de hierro.
    Gracias planeta por dar vida a esta gente, motivo más que suficiente para seguir portando una bandera roja en mi pensamiento.

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  4. Vir, si, la del violín es conocida en Madrid, es estudiante del conservatorio y se saca unas perras para comprarse trapitos tocando dos horitas en el metro de Argüelles cuando no está bastante pija, y si, toca muy bien, pero hambre, no sabe lo que es, si tienes dudas pregúntale y ella te lo cuenta, no se esconde.

    En cuanto a los que tocan por hambre, y un jamón, hay un asesino de notas con violín en la línea 4 que me martiriza cada día, a mi que hago mi trabajo y me quitan un quinto de mi sueldo para pagar comedores sociales y albergues.

    Hay una mafia con los musiquitos como la hay con los pedigüeños, y funcionan igual, y el que está en la calle tirado no es por falta de sitio, es porque o pide para drogas o alcohol o porque le da la gana, en los albergues se les da de todo pero solo se les pide que no pidan, o los echan, y que se laven.

    Trabajé en un albergue y se de lo que hablo, nadie pasa hambre en España porque diariamente se tira comida en los comedores sociales, comida excelente por otra parte, que compartíamos con la gente de la calle.

    Y una cosa es llevar una bandera roja, y otra apoyar al lumpemproletariado en sus chanchullos, somos los proletarios los que trabajamos para pagarlo todo, esa luz que ilumina al que toca, esa calle urbanizada, la sanidad si se pone malo, el albergue en el que se toca los cataplines mientras yo me tiro 10 horas en el tajo, etc.

    Salud

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  5. A ver anónino, no te falta razón, pero no podemos meter a todos en el mismo saco. Generalizar es un cáncer y una causa de múltiples desacertados argumentos. Es decir, porque haya gente que sea un "profesional del pedir", como afirmas conocer, no se puede ser maximalista y afirmar que todo el que pide tiene un "negocio" montado. Y aunque así fuera, y quitase mi argumento del que pide por necesidad, aunque sabes que hay gente que lo necesita, cada vez más, me queda el argumento de que la música es cultura, y aunque exista gente que martirice, hay otros que llevan la cultura a las calles, aunque siempre habrá personas que no lo entiendan.
    Saludos.

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