viernes, 18 de octubre de 2013

La acción humana sin amor, cualquiera que sea, sólo puede ser una muestra de cómo no hacer las cosas.

(O porque lo llaman sexo cuando quieren-quiero decir amor)


Aquel verano regresé al sexo, como casi siempre por accidente.


Se llamaba María,
aunque podía haberse llamado verano,
porque en los besos compartidos besaba aquella estación entera,
porque en los besos de una playa se encuentra una estación entera.

Una vez en su casa oculto unos minutos en su cuarto de baño,
ella no alcanzó a descubrir mis gotas grandes, calientes, húmedas y redondas,
resbalando por mi nariz,

antes 
de romperse en el suelo,

antes de
respirar profundo,

antes de ir a amarla.



María, María se llamaba,
aunque podía haberse llamado verano
porque en aquella playa -antes de ir a su casa- el verano duraba la vida entera,
aunque sabiendo como sabíamos (¡maldita sea qué sí!)
que no iba a ser eterno ni iba encontrar en ella
                                                                    a la mujer de mi vida.

Sobra decir, aunque quizá alguien no lo haya adivinado a estas alturas, que a su sexo me lancé hambriento,
porque soy humano,
por si aún no había suficientes evidencias y que follé con amor, porque yo siempre. Siempre. Aunque sea con una recién llegada, follo con amor.



Para Blanca, por nuestras conversaciones sobre el amor con sexo.


4 comentarios:

  1. También existen veranos inolvidables de secano...y que bueno q esistieron

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  2. amor, verano y sexo...que vivan los sinónimos

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