martes, 29 de enero de 2013

Sobre la oscuridad que nos rodea y los seres que nos salvan de ella

(Para Daniel Alonso, que lo entenderá como nadie)

Vivimos a oscuras, no porque el mundo lo esté. El mundo es un lugar luminoso. Deberíamos poder mirar las cosas con facilidad hasta quedar ciegos algunas veces. Sin embargo nos obcecamos en nuestra ceguera.

Los-cerramos
 Cerramos-los 
                             OjOs

            Tercos
             Tercos

con denudados
               nudos

              necios


Sumidos en esta oscuridad autoIMPUESTA nos sobrevuelan sin que lo sepamos casi nunca luciérnagas, seres sobrenaturales que hacen brotar la luz desde dentro de sí e iluminan cuanto les rodea, aunque no necesariamente estén dotados de alas o elementos para surcar el aire. Si una de ellas te roza con la yema de los dedos o el más común seseo de sus labios (así es suficiente) es entonces cuando te inicias a la vida y se hace la luz cual milagro bíblico. Y no porque crea en Dios, ya no creo en Dios, pero si en otras cosas, algunas tangibles y otras etéreas como esta luz que cuando llega me penetra, llena y finalmente rebosa provocando que yo también irradie luz, aunque no sea más que la de un satélite terrestre. Hermosa si, pero inútil.





A veces presientes a las personas aunque no hayas podido oler su alma.

Convencido hasta romper mis dientes de apretarlos dormido de esta máxima que la vida ha tenido a bien enseñarme, a veces he presentido-presiento-presentiré a algunas personas, personas que pudieron-pueden ser cotidianas, habitar a diez mil kilómetros o en 140 caracteres,
 letras
  palabras
   números
    abrazos
     canciones
      mails
       miradas
        llamadas
         silencios
          asombros
           inspiraciones
            susurros-gritos
             momentos

                aleteo 
                        a aleteo
                  tweet 
                        a tweet
                   Luz 
                        a luz.


Posdata: Algunas son parte fundamental de mi vida o lo han sido, otras aún no se han materializado pero puede que lo hagan, las menos fueron un fracaso estrepitoso de mi puntería del presentimiento, y la que espero sea la mujer de mi vida a partir de algún día aún por determinar hasta la fecha, no se ha convertido en beso... 
             Continuará...


martes, 15 de enero de 2013

sábado, 12 de enero de 2013

Atacama

El desierto de Atacama, el más árido del planeta, se ubica en el norte de Chile, en las regiones de Arica y ParinacotaTarapacáAntofagasta y el norte de la Región de Atacama, cubriendo aproximadamente 105 000 km².
Se han registrado periodos de hasta cuatro años sin lluvias en su sector central, delimitado por las ciudades de Antofagasta, Calama y Copiapó




Hay ausencias que duran toda la vida. Y yo que siento mi vida como la suma de algunas he de aclarar que esta ausencia sólo duró una de las ellas. Puede parecer poco o mucho, y que una vida participe en otras, es sólo una vida al fin.

Fue esta vida protagonizada como todas las anteriores y las futuras por mí y además por una mujer de sonrisa fácil y alma convulsa y turbia que cuando sonreía y lo hacía mucho, enmascaraba que en realidad no sabía hacerlo. 

Hubo otros personajes en esta vida, secundarios, porque al final este amor o lo que creía amor lo ocupaba todo y no soy capaz de hacerlos regresar a estas líneas, pero recuerdo hombres y mujeres en noches y amaneceres poblando mis rutinas y las suyas. Hubo inviernos y luego primaveras, veranos y otoños. No estoy seguro, pero creo que en ocasiones un atardecer naranja podía durar semanas y nunca llegaba la noche.

En lo que se refiere a esa vida que ahora recuerdo, enclaustrada desde el momento en que besé sus mejillas por primera vez cuando me la presentaron, hasta el momento en que me desperté una mañana y no necesitaba echarla de menos, nada merece ser la pena ser contado. Todo lo vivido, fuese poco o mucho, años o meses, fue el desierto más árido del planeta donde cuando llovía era por accidente.

          A esa tierra estéril nos empadronamos sin regalar ni una gota de lluvia 
          que no fuese la de mis lágrimas cuando todo se había hecho añicos 
          y no había forma de recomponer 
          ni 
          los pedazos, 
          que se me clavaban como cristales rotos 
          en los pies al caminar sin rumbo por la habitación 
          o a mi torso sobre el colchón, 
          cuando contaba 
          las horas insomne 
          y sin corazón en el pecho.

De aquella vida sólo recuerdo mis lágrimas en el desierto de Atacama.


miércoles, 9 de enero de 2013

La paradoja de Zenón

La distancia de sus labios a los míos es imposible de cubrir...





Doy pasos en cualquier dirección por si se acorta la distancia...



que se mantiene implacablemente inamovible...





Mi boca se llena
                            de arena
de desierto
              de reloj de arena.