lunes, 25 de febrero de 2013

muere un ángel


Foto extraída de existencia


No tengo la certeza 
                                     e
                                        s

mera intuición literaria,
pero cuando muere 
            n 
un    á      g      l 
                     e
se detiene el tiempo, 
aunque jamás se detenga. 
Jamás lo hace. 


¿Y nosotros?

¿Cómo vivimos ese instante de parada 
                                           del tiempo 
                                           sin parada del tiempo? 
El aliento contenido del mundo concentrado sobre la muerte de un ángel.

          Intuiciones, 
        presentimientos, 
      percepciones, 
    corazonadas, 
  que fuera de la realidad 
la configuran como el más importante 
de 
los latidos, 
          y eso 
y tantas, 
          tantas cosas, 
nos configura como un mosaico,
nos hace
SER lo que somos
hasta que la muerte, 
imparable mecanismo, 
                                 nos desarticula y convierte 
                            en 
                        un insignificante grano de arena en el desierto de la existencia, 
                            un mero 
                                 susurro de la historia.

martes, 19 de febrero de 2013

La máquina del tiempo

Quiero retroceder
 

y RETRO-CEDO

rompo la inercia 

inquebrantable
 

de nuestros pasos
 

adelante
 

siempre hacia delante.

domingo, 10 de febrero de 2013

Inventario de lugares, en Madrid, propicios al enamoramiento


Madrid es un cosmos inabarcable. 

Su diversidad cultural y étnica, sus calles atestadas, gritos, latidos, música callejera, mis canciones conmigo mismo cantándome a todo trapo en el móvil camino a alguna parte, coches en manada como elefantes desbocados, el metro en hora punta, bullir de gentes y de guiris sonrientes con cámara de fotografías, sus garitos -galaxias de millones de planetas y estrellas, naves de Star Trek y Star Wars, agujeros negros y de gusano, ocasos, cometas, satélites, eclipses, aerolitos, supernovas...-, su historia y su presente (el futuro lo dejamos inevitablemente para más adelante), el Libertad 8, un sex shop, sex shop, sex shop, un cigarro compartido con Alba mientras me enseña Vallekas y hace que quiera quedarme a vivir allí. Y claro, sus luciérnagas que me iluminan sin proponérselo y sin inmutarse en su transitar cotidiano. 




Me enamoro de una mujer en Madrid en cada vagón y estación de metro, descafeinado con leche y medio de azúcar, avenida, bar, doblar de esquina, batir de alas de ojos, trayectos al trabajo, paseo, taxi, Asamblea, cañas en el centro, uvas en Sol, San Silvestre, mariposas en el Retiro, concentración, manifiesto, huelga, manifestación, gin tonics con un hielo en algún garito de Lavapiés que me raspan la garganta, paseo por el Rastro al sol del invierno rebuscando entre trastos, atasco en la M-30, parada de búho con el frío abriéndose paso como una apisonadora hasta los pulmones.

Belleza de funeral porque inevitablemente todas las veces su silueta se pierde rumbo a su destino y jamás la vuelvo ver. Golpea cada encuentro como una implosión que deja un agujero en mi estómago, en este invierno de difuntos que lo devora todo y en el que a pesar de todo, no me va tan mal como a cientos de miles de mis paisanos.