martes, 16 de septiembre de 2014

Veranos infantiles

Arrumbada en algún rincón de la prehistoria,
están de la infancia
algunas playas con mar,
el colegio,
amigos,
libros,
fotos
con ropas de los ochenta,
aventuras,
trastadas,
averías
todas
más fáciles de arreglar,
que otras que llegarían después.

Los veranos en los pueblos
de mamá y papá:
largas tardes de juegos,
río,
sol y,
a veces huerto;
abuelasluto,
abuelosfranquistas,
extraños que veía, cuando veía,
una vez al año,
que me quisieron
,si es que me quisieron,
como quiso
aquella generación,
a quienes consideraban poco nieto o,
menos nieto,
que otros con otro lo que fuese;
aquellas casas laberinto de varias plantas
con su troje,
vigas de madera,
telarañas,
cortinas antimoscas de plástico 
de macarrones sin tomate,
la puerta siempre abierta,
un mapa de la nueva España
autonómica,
tan ajado como aquella España que moría
y la barbería del abuelo que no hizo
-como el otro-
la guerraGUERRA,
ese universo de otra realidad,
con una foto del Madrid ganador
de todas las Copas del Genocidalísimo
que, estoy seguro:
estaba allí desde antes que el mundo echara a andar.

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