domingo, 30 de noviembre de 2014

Noviembre

Noviembre insípido.

Insípido Noviembre.

Vulgar y hueco como la monarquía española.

Secundaria carretera.

Lugar en el que llorar a los muertos.

Atentado a las alas
y la sonrisa.

Niebla murodehormigón, en los páramos,
que viene a comerse los llanos como un tsunami
a velocidad de caracol,

y en los parques las ganas de nevar
que empiezan.

Cielos enladrillados de mercurio líquido
congelando el cielo
sin sol, estrellas o luna,
enfrentados a días que se van solidificando y noches sin barrer.

Corazón del Otoño desatendido
que es un modo (o varios)
de estar más cerca del
                                  in vf ierno.

Primeros avisos de congelación, resbalando con heridas
en nuestro calendario malheredado.

Sensación de que todo va terminando
y puede, quién sabe,
que no vayamos a ser
                       capaces
de encontrar otro inicio
en ningún cajón de la cómoda.

martes, 25 de noviembre de 2014

Mala mar de amor

No lo entiendo,
pero pienso en ello.

Está enferma,
no sabe si por la enfermedad pronosticada,
o por el amor
(también enfermo),
que suelta como una red en el mar
y vuelve vacío
como una noche de domingo.

          Regresa de la mala mar
-como regresan los días de la semana
en el calendario-
la red mojada y pesada,
convertida
en un manto de hormigón armado

que recoge,
enferma y exhausta del mar en la cubierta,
sin paciencia de pescador.
Consiguiendo únicamente
que navegue su nave
más lenta por el peso.
Haciendo eternas
como un reloj de arena con desierto,
las noches
de domingo a domingo.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Torrevieja 2013

Cantan las chicharras con camisa de fuerza.

Le escupen su ira sexual al verano que se revuelve secando el suelo desertificado del Levante.

Torrevieja es una metáfora de mal gusto, un vertedero de cemento y asfalto al costado de una playa.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Buscando una palabra

o dos..
        o tres...

El caso es encontrarla...

O el argumento que se atasca
-para cuadrar el círculo-
y no llega
para desespero de uno,
por la espera,

espera que me deja quebrado en la tarde,
partido
           por la mitad,
con una grieta que empieza en el craneo
y desciende hasta los pies,
por la que uno puede poner la mano y palpar mi corazón caliente
-casi ardiendo-
con los dedos
tac, tac,
            tac,
tactac...
y en el ojo del huracán,
pienso en el invierno,
en sus ojos mirándome atenta mientras
le hablaba acerca
de todo
lo divino y lo humano:
libros,
historia,
sábado noche,
arte,
filosofía,
latidos,
lugares en el mundo,
amistades y enemistades,
política,
alguna peli
o el dolor de la lucidez:
pero nunca de amor.

Su forma de mirarme siempre
me hace estar
unos centímetros por encima del suelo.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Canciones que lloran

Nunca
en otro lugar que no fuese esa barra de bar
ni en ese preciso momento,
reconocerá jamás nada de lo que habría
de confesarme un martes por la mañana,
más triste que cansada
menos borracha que desencantada

-si exceptuamos algún beso anterior
(que recuerda se dieron
con plomo y suspense)
de la única noche que pasó en su cama-.

Sostiene, que
tomando una copa de vino con él,

(aunque no certifica cuántas horas antes de que el sexo les arrollara),
sonó una canción que le hizo llorar,
siempre llora con esa canción
-afirma melancólica-
no sabe si aquella tarde como preludio
de su llanto y el de él
(cada uno por motivos enfrentados) cuando el sexo
se les heló en las entrañas,
o sólo porque les emocionaban
las mismas canciones.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Octubre

que llueve
y no llueve,

normal y corriente,

más haber que
debe.

Cadáveres marrones
alfombrando suelos de baldosas relucientes
en parques infectados de viejos.

piel del otoño más otoño
suspirando por el verano,
conducido con las manos atadas a la espalda
al solsticio de diciembre.

La ciudad, en algunas tardes de sol,
se sienta en un banco
y se quita los zapatos,
una madre baja el pantalón
a su hijo y le ayuda
a mear un árbol.

("En las salas de espera
este otoño sin respiración....")

En octubre,
         y en los parques,
letanías en la tarde.
Aliento de la vida
         que se entrega y arde.

Shit!
como escupitajo
cuando me cruzo otra tras una
con hermosas mujeres hermosas,
que no detienen
el paso
sus zapatitos de princesatacón.

Florecen de golpe
casetas de castañeras y,
bostezan y se desperezan por fin
las cafeterías
donde escribe al ordenador
la morena
con la que, en lo que dura su café,
naufragaría en la isla pequeña
que sueña en lejanos azules mares
de nombre susurrado y hermoso,
aunque haya olvidado los zapatitos
y lleve impolutas deportivas
que,
es claro a luces, están
siempre como nuevas.
-Jamás sé mantener las mías a salvo.
¡Ni cuando me las pruebo en las zapaterías!-