sábado, 1 de noviembre de 2014

Octubre

que llueve
y no llueve,

normal y corriente,

más haber que
debe.

Cadáveres marrones
alfombrando suelos de baldosas relucientes
en parques infectados de viejos.

piel del otoño más otoño
suspirando por el verano,
conducido con las manos atadas a la espalda
al solsticio de diciembre.

La ciudad, en algunas tardes de sol,
se sienta en un banco
y se quita los zapatos,
una madre baja el pantalón
a su hijo y le ayuda
a mear un árbol.

("En las salas de espera
este otoño sin respiración....")

En octubre,
         y en los parques,
letanías en la tarde.
Aliento de la vida
         que se entrega y arde.

Shit!
como escupitajo
cuando me cruzo otra tras una
con hermosas mujeres hermosas,
que no detienen
el paso
sus zapatitos de princesatacón.

Florecen de golpe
casetas de castañeras y,
bostezan y se desperezan por fin
las cafeterías
donde escribe al ordenador
la morena
con la que, en lo que dura su café,
naufragaría en la isla pequeña
que sueña en lejanos azules mares
de nombre susurrado y hermoso,
aunque haya olvidado los zapatitos
y lleve impolutas deportivas
que,
es claro a luces, están
siempre como nuevas.
-Jamás sé mantener las mías a salvo.
¡Ni cuando me las pruebo en las zapaterías!-

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