lunes, 31 de marzo de 2014

Sobre la tristeza

Sus ojos son cansados como niños yunteros que hubiesen tirado de un arado toda una jornada de trabajo. Pero hay algo más en su forma de mirar que la delata. Algo que te deposita en los pulmones cuando respiras enfrente de ella y miras su mirada.

Está triste. Mucho. 
Inabarcablemente.
No puedo averiguar la causa con tan sólo mirarla.
Pero se sabe que su mirada tiene el peso de una marea de petrolero que se hunde. Trato de explicármelo todo dirigiendo mis pupilas directamente a sus ojos, de modo rápido, casi imperceptible, para que no se sienta agredida. Pero cómo saber qué le agrede, qué le agarra y arrastra así. Y después de desentrañado, cómo aliviarlo. ¿Hay cura para la tristeza infinita?

Su intangible y desconocido desconsuelo se hace más pequeño a veces, porque a veces aún sonríe y entonces florece su rostro y vence por unos segundos a su invierno que promete en apariencia ser tan largo como su propia vida.



Lo que fuimos sin ser

Lo que fuimos sin ser.

El miedo de probar la saliva caliente de ambos
dos
      centrifugando
                         en bocas hambrientas
                    y
          sexos sedientos,

fue más fuerte que el deseo
o el proyecto de fundirnos en un abrazo
o el combate que libran demasiadas veces
                                     demasiado tiempo
                                     realidad y deseo.

Había demasiada realidad y deseo inútil en ambos
para llevarnos a la única isla en la que seguía siendo posible el naufragio.



Duerme

Duerme recostada en una butaca.

Baste decir sólo eso
para imaginarla así,
asombrando al mundo con su belleza,
con los ojos cerrados
soñando, 
los besos que
quien quiere le niega.

Lo único que pienso
es en romper el sortilegio de su sueño
con un beso,
                  tan sólo uno.

Un beso puede incendiarlo todo a veces.

Construyo ese beso en mi imaginación
y lo saboreo
aunque,
ni se haya producido,
ni vaya a producirse por mucho que lo desee.

Así que al fin
mirarla dormir,
plácida,
y supongo que feliz,
me da para imaginar
más que un beso,
el sabor
cálido y húmedo
de una boca
que piensa en otra

(y
la sueña).


Invierno pareciera

Hay una primavera
sin sol que caliente,
cielos nublados rasTrillAndo
la tierra
como si fuese ya
el tiempo de la trilla
-aunque siga siendo primavera-
-aunque sea una primavera mezquina y raquítica-

Parece que siguiera siendo invierno
y que el verano se nos haya
prohibido,
como la manzana del original
pecado.


Primavera del 13.

Llega el verano

Queda el verano como una de esas asignaturas pendientes (que no será aprobada) 
aunque sea primavera 
y matemáticamente el calendario gregoriano habrá de ponerla ante nosotros con sus tardes de ríos menguados vertiendo hacia el Duero, 
sus mujeres hermosas floreciendo a la potente luz del estío, sus tardes de terraza, cañas, canciones, conversaciones, besos y paseos, sus bicicletas -son para esta estación-, sus señales del tiempo más feliz, de preocupaciones que menguan 
y mariposas que brincan sin pisar el suelo, sobre un suelo imaginario.



Ciudad de Dios, Junio del 13.