martes, 29 de noviembre de 2016

Debería haberte regalado mi libro

(Lo escribo aquí para que no se me olvide):

Esta tarde dos comerciales de Círculo de lectores vinieron a casa para que me hiciera socio.
-Hola -dice una chica con cara simpática- ¿Conoces Círculo de Lectores?
-Si, mis padres fueron socios muchos años -y parece que voy a decir algo más, pero no, porque aún me dura la tontuna de la siesta y la chica que habla casi siempre se queda un poco perpleja con el silencio raro.
Aunque no voy a comprar nada, le dejo que me tome los datos, porque esta gente que trabaja en lo que se conoce como puerta fría son unos héroes y como hace un día luteranamente frio, me dan ganas de adoptarlas más que de comprarles algo.

Tengo un bolígrafo en la mano, porque estoy dándole vueltas al orden de los poemas de la presentación del jueves y me pregunta si estaba estudiando -Algo parecido -le digo-.

Me enseña un poco el catálogo, y me explica que si elijo ahora 2 libros, que ya pagaré el mes que viene, por 19,95, ella se lleva una pequeña comisión.
-De verdad me encantaría comprarte los libros -estoy dudando si decirle que tengo tengo toda mi pasta metida en el que termino de publicar y no puedo gastarme nada, porque pienso que a las señoritas les va a dar igual con lo que tienen encima, aunque al final se lo digo-.
-¿De verdad escribes? ¡Ven, qué te doy un abrazo! -Yo abro mucho los ojos, como hago siempre que me sucede algo inesperado-. Deja la carpeta en el suelo y me abraza. En serio, yo no doy crédito, joder, siempre pienso que hay que abrazarse más en la vida y sin pedirlo me llega un abrazo a casa. El karma andará reajustando, o le he emocionado porque me dijo que también escribe.

Al marchar me dice que se va a comprar mi libro y vuelvo a abrir mucho los ojos de nuevo.

Cómo molan las comerciales del Círculo de lectores, que compran en vez de vender y te regalan cosas bonitas, no como yo, que me limito a abrir los ojos como un buhito cuando me pasan cosas inesperadas.

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