miércoles, 17 de mayo de 2017

La semana


Llueve lluvia de invierno, esa estación donde viene a morir el amor, me duele la garganta y faltan horas de sueño, pero tengo cuerdas nuevas.

El futuro, esa nebulosa por conquistar, dirá adónde nos lleva, siempre a lomos de la emoción, siempre con la música a cuestas.

El naufragio de las noches y los días,
apretar los dientes
en las hojas de calendario y las estaciones,
llorar las horas muertas
y hacer coro con las plañideras
los domingos por la tarde,
hasta que suena el despertador
el lunes por la mañana.

Zancadillas y soponcios

Zancadillas
     pum
     pum
y soponcios.
Enmendio
         la vida.
 
Desvaríos,
sobresaltos y
victorias.
      La vida
entremedias.

lunes, 15 de mayo de 2017

El indescifrable misterio del nombre de las constelaciones

Lejano,
enigmático.
Indescifrable,
como constelaciones a las que nos empeñamos
en poner nombres,
de formas irreconocibles.
Un misterio doloroso,
que no deja rastro,
ni baldosas amarillas por las que seguirle.
Sólo dolor y ausencia.

La ventana

Pasé hoy dos veces por la que fue tu casa en esa Avenida rara con trazo de paso de reptil.
Siempre miro a la ventana del que fuera tu cuarto aunque ya no vivas allí,
un acto reflejo,
una de esas cosas aprendidas, que aunque inútiles, no se olvidan nunca, como hacer el nudo de una corbata.

Nadie lo sabía,
pero siempre miraba al balcón de la que fue la casa de su amante,
aunque ya no vivía allí.
Era un acto reflejo del tiempo en que se escondían para hacerse el sexo.

viernes, 12 de mayo de 2017

Sus lunas nuevas y los bandidos de Sierra Morena

Me trataban de convencer una vez que cuando miramos a los ojos de alguien siempre reparamos la atención, exclusivamente, en uno de los dos ojos.
Creo que consiguieron sugestionarme, y ya siempre me quedo mirando sólo uno, el derecho (aunque esto no tiene ninguna componente ideológica).

Ayer hablé con ella por primera vez, y al fin la conocí, o la reconocí, porque la he visto trabajando alguna vez en ese bar al que voy de vez en cuando (omitiré el nombre para que no vayáis en manada a intentar ligar con ella), mientras nos re-conocíamos su perfume embriagaba el aire -huele, como deben oler los ángeles- no podía dejar de pensar en lo intenso de su mirada, ni apartar la vista, en esta ocasión, de sus dos ojos a la vez, y cegarme por lo grandes que eran, rocosos y oscuros como lunas nuevas, y quedarme mirando alucinado como se mira la luna las noches más hermosas.

Hablamos de música, aunque yo en realidad quería hablarle de astros y satélites -y hacerme el intelectual a lo Leonard con Penny cuando ella se queda pasmada escuchándole cosas sobre el cosmos- para impresionarla lo necesario, hasta conseguir que me dejase ir adonde fuese el resto del día o de la estación.

Lo más curioso de todo es que anoche era noche de luna llena, con sus bandidos lorquianos de Sierra Morena acosándola por bares en los que anoche no pude encontrarla, aunque lo intenté, a riesgo de parecerle también un bandido de Sierra Morena, cuando nos hubiésemos encontrado.

Sólo me queda ir por el bar en el que trabaja alguna vez para solicitarle algún refrigerio y obtener un caballo de bandolero para rondarla cuando salga de fiesta,
            en la luna negra de los bandoleros...
de Sierra Morena.

viernes, 5 de mayo de 2017

Cuando no lo esperas

Hay amapolas que crecen al borde de las carreteras, y camareras bonitas que te sonríen al ponerte una cerveza cuando no lo esperas.

Hay estrellas brillando entre las nubes, y abrazos que te hacen cerrar los ojos, cuando piensas que ya nadie va abrazarte.