jueves, 7 de septiembre de 2017

Las mujeres de la limpieza

A veces, en la mañana cuando aún es de noche y voy a trabajar, pienso en que pronto,
como aves migratorias,
las mujeres de la limpieza vendrán,
a hacer que podamos sentirnos cómodos en nuestros portales y rellanos.
He de explicar que me conmueven, y quisiera llorar a veces, me recuerdan el trabajo que hizo mi madre muerta desde antes que yo hubiera nacido, y nadie agradeció, y sé que es el trabajo más digno del mundo, aunque nadie quiera, nunca, hacerlo, porque para ella ese trabajo era el mayor acto de amor, pues permitía que sus hijos comieran y estudiaran.

Mi madre brillaba, como brillan las personas más bondadosas, era el cosmos de las madres y nos dio su amor y el que le escatimó con hiel, su madre de entrañas de arena, así que su amor, de la mujer más bondadosa del mundo, yo nunca lo sabré dar, mezquino como soy, pero lo tuve rebosándome, en otra vida, larga, que terminó el día que madre se marchó no sabría decir adónde.

Así, cuando veo mujeres de la limpieza (casi siempre son mujeres), pienso en mi madre y en su acto de amor. Y, a veces, también lloro.