sábado, 28 de octubre de 2017

Algunas noches, volviendo a casa,
por las calles
de las ciudades que habito,
me cruzo con seres desamparados,
borrachos algunos,
yendo a trabajar otras.

En el desamparadómetro,
bato el récord;
y a los seres con el regazo más cálido,
imploraría,
me llevasen a dormir con ellos,
y me librasen de todo mal y cansancio,
de toda mentira y suciedad,
me limpiasen las lagrimas.

Y al despertar, ya poco de todo esto,
viniese conmigo.



                                                 

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